Información para los abuelos de los socios
Los abuelos.


    Un peligro siempre al acecho es el de querer contentar, en todo, los gustos de los nietos. A veces los padres son demasiado generosos y esa generosidad hace mal a los hijos. No hay que ser roñosos, pero ser excesivamente dadivosos es un error muy grande tanto de los padres como de los abuelos.

     Y éste es, en general, es nuestro mayor defecto…

     La dificultad puede proceder, en muchas ocasiones, de una falsa compasión: el buen deseo de que los chicos no sufran la escasez que quizá nosotros mismos conocimos cuando teníamos su edad. Dejarse llevar por este sentimiento puede resultar muy nocivo para el futuro de los niños. Acostumbrados a que los padres satisfagan todos sus deseos, sin ningún mérito por su parte, los muchachos podrían adquirir una mentalidad materialista y comodona, de hijos de papá, que no les ayudaría ni en su trato con Dios ni en su trato con los demás.

     Además, se encontrarían desprotegidos frente a las dificultades que tarde o temprano se presentan en la vida, y no sabrían hacerles frente cuando llegase el momento.

     El exceso de cariño puede provocar el aburguesamiento de los hijos. Cuando no es el padre es la madre, los tíos o los abuelos. Al final, los muchachos pueden llegar a tener una excesiva autonomía económica, impropia de su edad.

     Es preciso que conozcan, de acuerdo con su edad, el esfuerzo que cuesta sacar adelante una familia. De esa manera se evita que se conviertan en “señoritos”. Existen muchos medios al alcance de los padres cristianos para facilitar este aprendizaje: tenerles cortos de dinero; impulsarles a trabajar algunas horas al día -al menos en épocas de vacaciones-, para que se costeen sus gastos personales; no consentir caprichos inútiles.

     La “paga”  no debe “ganarse” cumpliendo los encargos con los que cada uno de la familia debe contribuir al bien común.  Cada uno, en la familia, debe tener un encargo que llevar a cabo para el bien de todos, incluido el suyo, claro.

     Los hijos recibirán mucho más bien si aprenden a vivir las virtudes humanas: los padres cristianos han de tener el valor de saber exigir. Y los abuelos –hoy por hoy, en muchos casos- son la “guardería fiable”…

     La mentalidad imperante hoy día presenta como imprescindible la satisfacción de muchas falsas necesidades. Ropa de última moda, el ordenador personal, el vídeo,  la moto... pueden ser útiles e incluso convenientes en algunas ocasiones,  pero hay que estudiar cada caso con criterio cristiano, pensando en el bien integral del chico.

     No es oportuno, y en ciertos casos supondría un grave error, concederles todo lo que ofrece la moderna sociedad de consumo.

     Acomodándose a las circunstancias concretas, habrá  que enseñar a prescindir gustosamente de ese objeto que otros compañeros tienen, de aquella comodidad innecesaria... De esta forma, comprenden mejor que los bienes terrenos son algo pasajero y que no vale la pena dejar que el corazón se apegue a ellos.

     Otra falsa excusa puede presentarse en este terreno: el temor a perder la amistad de los hijos, si no se satisfacen sus caprichos. Sería un error, en primer lugar, porque la relación padres-hijos debe fundamentarse en algo más sólido que el mero concederles lo que piden: ha de estar basada en un amor fuerte y sacrificado.

     Además, las rabietas de los hijos pasan, mientras permanecen las muestras del cariño verdadero, que es el que ayuda a seguir el camino del Cielo.

     …Y no vale el “truco” de “devolver” al chico a la madre o a la abuela cuando se pone “pesado”…Y mucho menos vale darle lo que pide para que nos dejen en paz…

     Encontrar el justo medio para educar en las virtudes no es siempre fácil. En ocasiones, será útil consultar a quien tiene especial gracia de Dios para dar un consejo, a personas con más formación experiencia.

     Sólo me queda confesar que los abuelos, por regla general, no respetamos los criterios educativos de los padres, que son los únicos responsables de ella.



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