Esta plegaria tiene como contenido original “la misma vida de familia”
(...): alegrías y dolores, esperanzas y tristezas, nacimientos y cumpleaños,
aniversarios de la boda de los padres, partidas, alejamientos y regresos,
elecciones importantes y decisivas, muerte de personas queridas, etc., señalan
la intervención del amor de Dios en la historia de la familia, como deben
también señalar el momento favorable de acción de gracias, de imploración,
de abandono confiado de la familia, al Padre común que está en los
cielos. Además, la dignidad y responsabilidades de la familia cristiana en
cuanto Iglesia doméstica solamente pueden ser vividas con la ayuda incesante de
Dios, que será
concedida sin falta a cuantos la pidan con humildad y confianza en la
oración".
Los
miembros de la familia se unen con más fuerza mediante la oración en común.
Aprenden que la primera y mejor ayuda a los padres y a los hermanos consiste en
rezar por ellos. Incorporan a su existencia un sentido sobrenatural que les
facilita la comprensión de lo que sucede a su alrededor o en sus propias vidas.
Saben así que nada es ajeno a los planes del Señor y que en cada
circunstancia han de ver la mano amorosa de Dios Padre, especialmente cuando
acaezcan sucesos que, con mera visión humana, serían incomprensibles. Así, la
enfermedad o la muerte de una persona querida, el nacimiento de un hermano
minusválido, o cualquier otra prueba que Dios pueda permitir, adquieren un
relieve de eternidad que no conduce al desaliento sino a confiar más en el Señor
y a abandonar todo en sus manos.
Los miembros de la familia se unen con más fuerza mediante la oración en
común. Aprenden que la primera y mejor ayuda a los padres y a los hermanos
consiste en rezar por ellos. Incorporan a su existencia un sentido sobrenatural
que les facilita la comprensión de lo que sucede a su alrededor o en sus
propias vidas. Saben así que nada es ajeno a los planes del Señor y que
en cada circunstancia han de ver la mano amorosa de Dios Padre, especialmente
cuando acaezcan sucesos que, con mera visión humana, serían incomprensibles.
Así, la enfermedad o la muerte de una persona querida, el nacimiento de un
hermano minusválido, o cualquier otra prueba que Dios pueda permitir, adquieren
un relieve de eternidad que no conduce al desaliento sino a confiar más en el
Señor y a abandonar todo en sus manos.
La
plegaria familiar por excelencia es el Santo Rosario. "La familia cristiana
-ha dicho Juan Pablo II- se encuentra y consolida su identidad en la oración.
Esforzaos por hallar cada día un tiempo para dedicarlo juntos a hablar con el
Señor y a escuchar su voz. Muy
hermoso resulta que en una familia se rece, al atardecer, aunque sea una
sola parte del Rosario!
Una
familia que reza unida, se mantiene unida; una familia que ora, es una familia
que se salva.
Actuad de manera que vuestras casas sean lugares de fe cristiana y de virtud,
mediante la oración rezada
por todos juntos.