Ante
todo es obvio tener presente que SU ÉPOCA y costumbres no son como las nuestras
cuando teníamos su edad … de modo que debemos esforzarnos en comprender,
tolerar y ADMITIR lo que de bueno o indiferente tengan.
Para
ello es imprescindible intentar la conversación con ellos. Quizás lo más lógico
sea comenzar por preguntarles a los nietos –según edades, claro- por lo que
creamos que es de su interés: cómo se defiende del ambiente, de la influencia
de la pandilla, que aficiones tiene y qué deportes practica y sus progresos,
cual es su mejor amigo, ¿tiene algún amigo íntimo? , ¿Qué tal es ?…
Lo
más importante es que vean que nos preocupamos por ellos por cariño;
respetando su libertad y apelando a su criterio…sin otro fin que saberles
felices…y si la conversación se logra a solas mejor que mejor.
Pero
hay que evitar –y es lo que más nos va a costar- no contarles “nuestras
batallitas” de siempre: “Cuando yo tenía tu edad…”…
Sólo
a solas con cada uno, nos podremos interesar por sus más íntimas
preocupaciones, demostrando que nos interesamos
por si a él puede interesarle nuestro criterio, quizás un poco anticuado
pero adaptarlo a las circunstancias actuales no le será difícil…
No
es cosa fácil si el chaval tiene más de 10 años… pero hay que intentarlo. A
estos, hay que tratarles como si de personas mayores se tratase, dejándoles
hablar y alabando sus buenas ideas
Si
es más pequeño, hay algo que a mi me sirvió de mucho: los cuentos de mi
abuelo…los tomaba de la Biblia y de cuentos corrientes en la época,
procurando resaltar las buenas cualidades de los héroes, sus valiosas virtudes
humanas, sus buena educación y costumbres, etc. etc. pues aunque no me
acuerdo de ellos, si que me quedó la envidia sana de sus virtudes…
Hoy
en cualquier librería de confianza se encuentra buenos libros de cuentos para
las diferentes edades y ¡Vale la pena!
-------------------------
La
importancia de la escuela
Entre
las diversas “fuerzas educativas” que colaboran en la formación de los niños
y jóvenes tiene singular importancia la escuela, que, a la vez que debe
cultivar con asiduo cuidado las facultades intelectuales, desarrolla la
capacidad del recto juicio, introduce en el patrimonio de la cultura conquistado
por las generaciones pasadas, promueve el sentido de los valores, prepara para
la vida profesional, fomenta el trato amistoso entre los alumnos de diversa índole
y condición social, contribuyendo a la comprensión mutua, la tolerancia, la
sociabilidad y la comprensión –que no la aprobación- de criterios
diferentes.
De
la formación recibida en la escuela dependen en gran medida las decisiones que
van forjando la vida de la persona: {la senda por la que empezar a andar
el joven la seguirá también cuando llegue a viejo}.
Por
eso es de suma importancia no errar en la educación, como lo es no errar en la
elección de colegio y preocuparse por la “pandilla” de amigos con la que más
se relaciona.
Son
factores que le dirigen hacia el futuro y con el que está íntima y
necesariamente ligada toda la obra de la educación: primeras piedras de la
personalidad del hombre en ciernes.
Los
verdaderos maestros educadores –que ya quedan pocos y muy maltratados en el
desempeño de su labor- nunca se limitan a transmitir una instrucción meramente
académica, sino que buscan la formación integral de las personas.
Con
todo ello se , realiza necesariamente una formación de la conciencia, que
influye poderosamente en el resto de la vida. Por eso, desde el punto de vista
religioso y moral, no cabe hablar de escuelas
neutras: o se da una formación en sintonía con los principios cristianos, o
se educa de espaldas a Cristo, con las graves consecuencias que esto
comporta.
"Si
se destierra de la enseñanza a Dios y su ley, no se ve cómo pueden ser
educados los ánimos juveniles y su fuerza de voluntad para huir del mal y
para llevar una vida de ciudadano honrado, ni cómo preparar, para la familia y
para la sociedad, hombres de buenas costumbres, amantes del orden y de la paz,
idóneos y capaces de contribuir al progreso de la sociedad”.
Todo
lo contrario a la mentalidad funesta de que los niños se formen su criterio y
elijan lo que quieren ser, sin “INFLUENCIAS Y COMIDA DE COCO” DE LOS
MAYORES”…¡Como si fuera posible que crecieran sin el contacto de la
"pandilla", con la calle, etc. etc.!
"Separar
la formación religiosa de la instrucción general es querer, en realidad, que
los niños se mantengan {neutrales} en lo referente a sus deberes hacia Dios.
Ese método educativo es falso y muy pernicioso sobre todo en los primeros años,
porque en realidad abre el camino al ateísmo y lo cierra a la religión”.
Los
padres conscientes tienen la grave obligación de velar para que sus hijos, tan
pronto como comienzan los estudios, reciban la enseñanza religiosa y para que
en la escuela no haya nada que ofenda a la integridad de la fe o de la sana
moral.
La
obligación de usar estas cautelas en la educación de los hijos está
impuesta por la ley natural y por la ley divina, y los padres no pueden eximirse
de ella por ningún motivo, pues, cuando los niños llegan a la edad escolar,
los padres cristianos han de saber elegir buenos maestros, firmemente
convencidos de que educar bien a los hijos constituye la responsabilidad y el
“negocio” más importante de su vida.
Desgraciadamente,
a muchos padres de familia podrían dirigirse hoy el reproche que ya San Juan
Crisóstomo echaba en cara a algunos cristianos de su época. "¿velamos más
por nuestros asnos y nuestros caballos que por vuestros hijos, se lamentaba. El
que posee una mula, se preocupa de encontrar un buen arriero, que no sea tonto,
ni ladrón, ni borracho, sino un hombre que conozca bien su oficio. En cambio,
cuando se trata de buscar un maestro para el alma del niño, contratamos al
primero que se nos presenta. Y, sin embargo, no hay arte superior ni hay
algo comparable con el arte de formar un alma, de plasmar la inteligencia y el
espíritu de un joven? El que profesa esta ciencia ha de proceder con más
cuidado que un pintor o un escultor al realizar su obra”.