- Dios
Padre, dame un hijo que sea lo bastante fuerte como para tener conciencia de sus
debilidades,
lo
bastante valiente para recobrarse de ánimo cuando tenga miedo.
- Un
hijo que sepa aceptar con nobleza la derrota honrosa y ser sencillo y generoso
con la victoria.
- Dame
un hijo que tenga el corazón y la cabeza en su sitio.
- Un
hijo que te conozca y sepa que el conocerte a Ti es la piedra angular de la
sabiduría.
- Te
lo pido, Señor; no le lleves por los caminos fáciles, sino por los senderos
erizados de obstáculos y dificultades.
- Enséñale
a permanecer fiel en las tormentas y a compadecerse de los que han caído.
- Dame
un hijo, Señor, de corazón puro, con aspiraciones elevadas, que sepa ser dueño
de sí mismo antes de querer mandar sobre los otros, que sepa reír sin olvidar
cómo se llora, que mire el porvenir sin perder de vista el pasado.
- Y
cuando tenga todo esto añádele, Señor, te lo suplico, unas gotas de
buen humor para que sepa mantenerse siempre sereno, sin tomar nunca las cosas
por el lado trágico.
- Dale
humildad para que recuerde siempre la comprensión de la verdadera sabiduría y
la serenidad de la auténtica fortaleza.
- Gracias,
Señor. Entonces yo, su padre, me atreveré a confesarme a mí mismo:
¡No
has vivido en balde!