Textos de San Josemaría Escrivá sobre vocación (en formato palm)
1.1. Un día —no quiero generalizar, abre tu corazón al Señor y cuéntale tu historia—, quizá un amigo, un cristiano corriente igual a ti, te descubrió un panorama profundo y nuevo, siendo al mismo tiempo viejo como el Evangelio. Te sugirió la posibilidad de empeñarte seriamente en seguir a Cristo, en ser apóstol de apóstoles. Tal vez perdiste entonces la tranquilidad y no la recuperaste, convertida en paz, hasta que libremente, porque te dio la gana —que es la razón más sobrenatural—, respondiste que sí a Dios. Y vino la alegría, recia, constante, que sólo desaparece cuando te apartas de El. (Es Cristo que pasa, n. 1) 1.2. Si me preguntáis cómo se nota la llamada divina, cómo se da uno cuenta, os diré que es una visión nueva de la vida. Es como si se encendiera una luz dentro de nosotros; es un impulso misterioso, que empuja al hombre a dedicar sus más nobles energías a una actividad que, con la práctica, llega a tomar cuerpo de oficio. Esa fuerza vital, que tiene algo de alud arrollador, es lo que otros llaman vocación. (El Fundador del Opus Dei, pag 302) 1.3. La vocación nos lleva –sin darnos cuenta- a tomar una posición en la vida, que mantendremos con ilusión y alegría, llenos de esperanza hasta en el trance mismo de la muerte. Es un fenómeno que comunica al trabajo un sentido de misión, que ennoblece y da valor a nuestra existencia. Jesús se mete con un acto de autoridad en el alma, en la tuya, en la mía: esa es la llamada. (El Fundador del Opus Dei, pag 303) 1.4. Dios necesita mujeres y hombres seguros, firmes, en quienes sea posible apoyarse. (Forja 850) 1.5. "Id, predicad el Evangelio... Yo estaré con vosotros..." —Esto ha dicho Jesús... y te lo ha dicho a ti. (Camino 904) 1.6. Ojalá pueda decirse que la característica que define tu vida es "amar la Voluntad de Dios". (Forja 48) 1.7. Yo tampoco pensaba que Dios me cogiera como lo hizo. Pero el Señor —déjame que te lo repita— no nos pide permiso para "complicarnos la vida". Se mete y... ¡ya está! (Forja 902) 1.8. La vocación es lo primero; Dios nos ama antes de que sepamos dirigirnos a El, y pone en nosotros el amor con el que podemos corresponderle. La paternal bondad de Dios nos sale al encuentro. Nuestro Señor no sólo es justo, es mucho más: misericordioso. No espera que vayamos a El; se anticipa, con muestras inequívocas de paternal cariño. (Es Cristo que pasa 33)
1.9.
Aún resuena en el mundo aquel grito divino: "Fuego he venido a traer a la
tierra, ¿y qué quiero sino que se encienda?" —Y ya ves: casi todo está
apagado... 1.10. Considerad con qué finura nos invita el Señor. Se expresa con palabras humanas, como un enamorado: Yo te he llamado por tu nombre... Tú eres mío. Dios, que es la hermosura, la grandeza, la sabiduría, nos anuncia que somos suyos, que hemos sido escogidos como término de su amor infinito. Hace falta una recia vida de fe para nos desvirtuar esta maravilla, que la Providencia divina pone en nuestras manos. (Es Cristo que pasa 32)
1.11.
Escribías: "yo te oigo clamar, Rey mío, con viva voz, que aún vibra: “ignem veni
mittere in terram, et quid volo nisi ut accendatur? —he venido a traer fuego a
la tierra, ¿y qué quiero sino que arda?" 1.12. Elección divina significa —¡y exige!— santidad personal. (Forja 58)
1.13.
Ha llegado para nosotros un día de salvación, de eternidad. Una vez más se oyen
esos silbidos del Pastor Divino, esas palabras cariñosas, “vocavi te nomine tuo”
—te he llamado por tu nombre.
1.14.
No tengas miedo, ni te asustes, ni te asombres, ni te dejes llevar por una falsa
prudencia.
1.15.
“Sabed que fuisteis rescatados de vuestra vana conducta..., no con plata u oro,
que son cosas perecederas, sino con la sangre preciosa de Cristo”
(1 Pet I,18-19).
1.16.
Parece que os han escogido uno a uno..., decía.
1.17.
Un secreto. —Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos.
1.18.
Con la frente pegada al suelo y puesto en la presencia de Dios, considera
(porque es así) que eres una cosa más sucia y despreciable que las barreduras
recogidas por la escoba. 1.19. ¡Comprometido! ¡Cómo me gusta esta palabra! —Los hijos de Dios nos obligamos —libremente— a vivir dedicados al Señor, con el empeño de que El domine, de modo soberano y completo, en nuestras vidas. (Forja 855) 1.20. El fervor patriótico —laudable— lleva a muchos hombres a hacer de su vida un "servicio", una "milicia". —No me olvides que Cristo tiene también "milicias" y gente escogida a su "servicio". (Camino 905) 1.21. Cristo, que subió a la Cruz con los brazos abiertos de par en par, con gesto de Sacerdote Eterno, quiere contar con nosotros —¡que no somos nada!—, para llevar a "todos" los hombres los frutos de su Redención. (Forja 4)
1.22.
Una ola sucia y podrida —roja y verde— se empeña en sumergir la tierra,
escupiendo su puerca saliva sobre la Cruz del Redentor... 1.23. No es tarde, ni todo está perdido... Aunque te lo parezca. Aunque lo repitan mil voces agoreras. Aunque te asedien miradas burlonas e incrédulas... Has llegado en un buen momento para cargar con la Cruz: la Redención se está haciendo —¡ahora!—, y Jesús necesita muchos cirineos. (Via Crucis V-2)
1.24.
No me explico tu concepto de cristiano. 1.25. El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir. Eso requiere la entereza de someter la propia voluntad al modelo divino, trabajar por todos, luchar por la felicidad eterna y el bienestar de los demás. No conozco mejor camino para ser justo que el de una vida de entrega y de servicio. (Amigos de Dios 173)
1.26.
¿Es posible que lleve Cristo tantos años —veinte siglos— actuando en la tierra,
y que el mundo esté así?, me preguntabas. ¿Es posible que aún haya gente que no
conozca al Señor?, insistías.
1.27.
Te decidiste, más por reflexión que por fuego y entusiasmo. Aunque deseabas
tenerlo, no hubo lugar para el sentimiento: te entregaste, al convencerte de que
Dios lo quería. 1.28. Recordad a todos —y de modo especial a tantos padres y a tantas madres de familia, que se dicen cristianos— que la "vocación", la llamada de Dios, es una gracia del Señor, una elección hecha por la bondad divina, un motivo de santo orgullo, un servir a todos gustosamente por amor de Jesucristo. (Forja 17)
1.29.
Hazme eco: no es un sacrificio, para los padres, que Dios les pida sus hijos;
ni, para los que llama el Señor, es un sacrificio seguirle. 1.30. Si alguno de los que me siguen no aborrece a su padre y madre, y a la mujer y a los hijos, y a los hermanos y hermanas, y aun a su vida misma, no puede ser mi discípulo. Son términos duros. Ciertamente, ni el odiar ni el aborrecer castellanos expresan bien el pensamiento original de Jesús. De todas maneras, fuertes fueron las palabras del Señor, ya que tampoco se reducen a un amar menos, como a veces se interpreta templadamente, para suavizar la frase. Es tremenda esa expresión tan tajante no porque implique una actitud negativa o despiadada, ya que el Jesús que habla ahora es el mismo que ordena amar a los demás como a la propia alma, y que entrega su vida por los hombres: esta locución indica, sencillamente, que ante Dios no caben medias tintas. Se podrían traducir las palabras de Cristo por amar más, amar mejor, más bien, por no amar con un amor egoísta ni tampoco con un amor a corto alcance: debemos amar con el Amor de Dios. (Es Cristo que pasa, n. 97)
1.31.
El demonio padre de la mentira y víctima de su soberbia intenta remedar al Señor
hasta en el modo de hacer prosélitos. ¿Te has fijado?: lo mismo que Dios se vale
de los hombres para salvar almas y llevarlas a la santidad, satanás se sirve de
otras personas, para entorpecer esa labor y aun para perderlas. Y no te asustes
de la misma manera que Jesús busca, como instrumentos, a los más próximos
parientes, amigos, colegas, etc., el demonio también intenta, con frecuencia,
mover a esos seres más queridos, para inducir al mal.
1.32.
"Nesciebatis quia in his quæ Patris mei sunt oportet me esse?" —¿No
sabíais que yo debo emplearme en las cosas que miran al servicio de mi Padre?
2.1. ¿Por qué no te entregas a Dios de una vez..., de verdad... ¡ahora!? (Camino 902) 2.2. Si el Señor te ha llamado "amigo", has de responder a la llamada, has de caminar a paso rápido, con la urgencia necesaria, ¡al paso de Dios! De otro modo, corres el riesgo de quedarte en simple espectador. (Surco 629) 2.3. Si ves claramente tu camino, síguelo. —¿Cómo no desechas la cobardía que te detiene? (Camino 903)
2.4.
El Reino de Jesucristo. ¡Esto es lo nuestro! —Por eso, hijo, ¡con generosidad!,
no quieras saber ninguna de las muchas razones que tiene para reinar en ti.
2.5.
Meus es tu —eres mío, te ha manifestado el Señor. 2.6. ¡Qué poco es una vida, para ofrecerla a Dios!... (Camino 420)
2.7.
—¡Dios es mi Padre! —Si lo meditas, no saldrás de esta consoladora
consideración. 2.8. Te has quedado muy serio cuando te he confiado: a mí, para el Señor, todo me parece poco. (Forja 47) 2.9. El Señor —Maestro de Amor— es un amante celoso que pide todo lo nuestro, todo nuestro querer. Espera que le ofrezcamos lo que tenemos, siguiendo el camino que a cada uno nos ha marcado. (Forja 45) 2.10. Vuelve las espaldas al infame cuando susurra en tus oídos: ¿para qué complicarte la vida? (Camino 6) 2.11. Dile: "ecce ego quia vocasti me!" —¡aquí me tienes, porque me has llamado! (Camino 984) 2.12. Así concluía su oración aquel amigo nuestro: "amo la Voluntad de mi Dios: por eso, en completo abandono, que El me lleve como y por donde quiera". (Forja 40)
2.13.
¡Cómo te reías, noblemente, cuando te aconsejé que pusieras tus años mozos bajo
la protección de San Rafael!: para que te lleve a un matrimonio santo, como al
joven Tobías, con una mujer buena y guapa y rica —te dije, bromista. 2.14. Parecía plenamente determinado...; pero, al tomar la pluma para romper con su novia, pudo más la indecisión y le faltó valentía: muy humano y comprensible, comentaban otros. Por lo visto, según algunos, los amores terrenos no están entre lo que se ha de dejar para seguir plenamente a Jesucristo, cuando El lo pide. (Surco 41) 2.15. Fiat mihi secundum verbum tuum. —Hágase en mí según tu palabra. (Luc., I, 38.) Al encanto de estas palabras virginales el Verbo se hizo carne. (Santo Rosario, Primer Misterio Gozoso) 2.16. Cristo ha muerto por ti. —Tú... ¿qué debes hacer por Cristo? (Forja 299)
2.17.
¿Qué hombre no lloraría si viera a la Madre de Cristo en tan atroz suplicio?
2.18.
¿Quieres saber cómo agradecer al Señor lo que ha hecho por nosotros?... ¡Con
amor! No hay otro camino.
2.19.
Me explico el sufrimiento tuyo cuando en medio de tu forzosa inactividad
consideras la tarea que falta por hacer. —No te cabe el corazón en el planeta, y
tiene que amoldarse... a una labor oficial minúscula. 2.20. Tu barca —tus talentos, tus aspiraciones, tus logros— no vale para nada, a no ser que la dejes a disposición de Jesucristo, que permitas que El pueda entrar ahí con libertad, que no la conviertas en un ídolo. Tú solo, con tu barca, si prescindes del Maestro, sobrenaturalmente hablando, marchas derecho al naufragio. Unicamente si admites, si buscas, la presencia y el gobierno del Señor, estarás a salvo de las tempestades y de los reveses de la vida. Pon todo en las manos de Dios: que tus pensamientos, las buenas aventuras de tu imaginación, tus ambiciones humanas nobles, tus amores limpios, pasen por el corazón de Cristo. De otro modo, tarde o temprano, se irán a pique con tu egoísmo. (Amigos de Dios, n. 21) 2.21. ¡Mi libertad, mi libertad! La tienen, y no la siguen; la miran, la ponen como un ídolo de barro dentro de su entendimiento mezquino. ¿Es eso libertad? ¿Qué aprovechan de esa riqueza sin un compromiso serio, que oriente toda la existencia? (Amigos de Dios, n. 29) 2.22. Si nos damos, El se nos da. Hay que confiar plenamente en el Maestro, hay que abandonarse en sus manos sin cicaterías; manifestarle, con nuestras obras, que la barca es suya; que queremos que disponga a su antojo de todo lo que nos pertenece. (Amigos de Dios, n. 22)
2.23.
Recordad la parábola de los talentos. Aquel siervo que recibió uno, podía —como
sus compañeros— emplearlo bien, ocuparse de que rindiera, aplicando la
cualidades que poseía. ¿Y qué delibera? Le preocupa el miedo a perderlo. Bien.
Pero, ¿después? ¡Lo entierra!. Y aquello no da fruto. 2.24. ¿Tu vida para ti? Tu vida para Dios, para el bien de todos los hombres, por amor al Señor. ¡Desentierra ese talento! Hazlo productivo: y saborearás la alegría de que, en este negocio sobrenatural, no importa que el resultado no sea en la tierra una maravilla que los hombres puedan admirar. Lo esencial es entregar todo lo que somos y poseemos, procurar que el talento rinda, y empeñarnos continuamente en producir buen fruto. (Amigos de Dios, n. 47) 2.25. Magnanimidad: ánimo grande, alma amplia en la que caben muchos. Es la fuerza que nos dispone a salir de nosotros mismos, para prepararnos a emprender obras valiosas, en beneficio de todos. No anida la estrechez en el magnánimo; no media la cicatería, ni el cálculo egoísta, ni la trapisonda interesada. El magnánimo dedica sin reservas sus fuerzas a lo que vale la pena; por eso es capaz de entregarse él mismo. No se conforma con dar: se da. Y logra entender entonces la mayor muestra de magnanimidad: darse a Dios. (Amigos de Dios, n. 80) 2.26. El amor de Dios es celoso; no se satisface si se acude a su cita con condiciones: espera con impaciencia que nos demos del todo, que no guardemos en el corazón recovecos oscuros, a los que no logra llegar el gozo y la alegría de la gracia y de los dones sobrenaturales. (Amigos de Dios, n. 28) 2.27. Si somos fatuos, si nos preocupamos sólo de nuestra personal comodidad, si centramos la existencia de los demás y aun la del mundo en nosotros mismos, no tenemos derecho a llamarnos cristianos, a considerarnos discípulos de Cristo. (Es Cristo que pasa, n. 97) 2.28. Para llegar a Dios, Cristo es el camino; pero Cristo está en la Cruz, y para subir a la Cruz hay que tener el corazón libre, desasido de las cosas de la tierra. (Via Crucis, X Estación)
2.29.
Ciertamente que el día de hoy ha sido de salvación para esta casa, pues que
también éste es hijo de Abrahám. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y
a salvar lo que había perecido
(Lc XIX,9-10).
2.30.
Me decías, con desconsuelo: ¡hay muchos caminos! —Debe haberlos: para que todas
las almas puedan encontrar el suyo, en esa variedad admirable.
2.31.
Son muchos los cristianos persuadidos de que la Redención se realizará en todos
los ambientes del mundo, y de que debe haber algunas almas —no saben quiénes—
que con Cristo contribuyen a realizarla. Pero la ven a un plazo de siglos, de
muchos siglos...: serían una eternidad, si se llevara a cabo al paso de su
entrega.
2.32.
¡Qué deuda la tuya con tu Padre-Dios! —Te ha dado el ser, la inteligencia, la
voluntad...; te ha dado la gracia: el Espíritu Santo; Jesús, en la Hostia; la
filiación divina; la Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra; te ha dado
la posibilidad de participar en la Santa Misa y te concede el perdón de tus
pecados, ¡tantas veces su perdón!; te ha dado dones sin cuento, algunos
extraordinarios...
2.33.
Es preciso ofrecer al Señor el sacrificio de Abel. Un sacrificio de carne joven
y hermosa, lo mejor del rebaño: de carne sana y santa; de corazones que sólo
tengan un amor: ¡Tú, Dios mío!; de inteligencias trabajadas por el estudio
profundo, que se rendirán ante tu Sabiduría; de almas infantiles, que no
pensarán más que en agradarte. 2.34. Medítalo con frecuencia: ¡soy católico, hijo de la Iglesia de Cristo! El me ha hecho nacer en un hogar "suyo", sin ningún merecimiento de mi parte. —¡Cuánto te debo, Dios mío! (Forja 16)
2.35.
Te hablaba del horizonte, que se abre a nuestros ojos, y del camino que debemos
recorrer. ¡No tengo pegas!, declaraste, como extrañado de "no tenerlas"... 2.36. Es demasiada simplicidad la tuya cuando juzgas el valor de las empresas de apostolado por lo que de ellas se ve. —Con ese criterio habrías de preferir un quintal de carbón a un puñado de diamantes. (Camino 908) 2.37. Nunca te habías sentido más absolutamente libre que ahora, que tu libertad está tejida de amor y de desprendimiento, de seguridad y de inseguridad: porque nada fías de ti y todo de Dios. (Surco 787)
3.1. Si respondes a la llamada que te ha hecho el Señor, tu vida —¡tu pobre vida!— dejará en la historia de la humanidad un surco hondo y ancho, luminoso y fecundo, eterno y divino. (Forja 59) 3.2. No lo dudes: tu vocación es la gracia mayor que el Señor ha podido hacerte. —Agradécesela. (Camino 913) 3.3. Al decidirnos por Dios, no perdemos nada, lo ganamos todo: quien a costa de su alma conserva su vida, la perderá; y quien perdiere su vida por amor mío, la volverá a hallar. (Amigos de Dios, n. 38)
3.4.
"Et regni ejus non erit finis". —¡Su Reino no tendrá fin! 3.5. Dios ama al que da con alegría, con la espontaneidad que nace de un corazón enamorado, sin los aspavientos de quien se entrega como si prestara un favor. (Amigos de Dios, n. 140) 3.6. Procura que tu hacimiento de gracias, diario, salga impetuoso de tu corazón. (Forja 866) 3.7. Ego sum via, veritas et vita, Yo soy el camino, la verdad y la vida. Con estas inequívocas palabras, nos ha mostrado el Señor cuál es la vereda auténtica que lleva a la felicidad eterna. (Amigos de Dios, n. 127) 3.8. Agradezcamos mucho y con frecuencia esta llamada maravillosa que hemos recibido de Dios: que sea una gratitud real y profunda, estrechamente unida a la humildad. (Forja 904) 3.9. El privilegio de contarnos entre los hijos de Dios, felicidad suma, es siempre inmerecido. (Forja 905)
3.10.
La llamada del Señor la vocación se presenta siempre así: "si alguno quiere
venir detrás de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame". 3.11. Quizá ayer eras una de esas personas amargadas en sus ilusiones, defraudadas en sus ambiciones humanas. Hoy, desde que El se metió en tu vida ¡gracias, Dios mío! ríes y cantas, y llevas la sonrisa, el Amor y la felicidad dondequiera que vas. (Surco 81)
3.12.
Ese camino es muy difícil, te ha dicho. Y, al oírlo, has asentido ufano,
recordando aquello de que la Cruz es la señal cierta del camino verdadero...
Pero tu amigo se ha fijado sólo en la parte áspera del sendero, sin tener en
cuenta la promesa de Jesús: "mi yugo es suave". 3.13. Agradece al Señor el enorme bien que te ha otorgado, al hacerte comprender que “sólo una cosa es necesaria”. ―Y, junto a la gratitud, que no falte a diario tu súplica, por los que aún no le conocen o no le han entendido. (Surco 454)
3.14.
Duele ver que, después de dos mil años, haya tan pocos que se llamen cristianos
en el mundo. Y que, de los que se llaman cristianos, haya tan pocos que vivan la
verdadera doctrina de Jesucristo.
3.15.
Algunas veces –me lo has oído comentar con frecuencia- se habla del amor como si
fuera un impulso hacia la propia satisfacción, o un mero recurso para completar
de modo egoísta la propia personalidad. 3.16. Aspiración: ¡ojalá queramos usar los días, que el Señor nos da, sólo para agradarle! (Forja 35)
4.1. ¿Qué cuál es el secreto de la perseverancia? El amor. ―Enamórate, y no “le” dejarás. (Camino 999) 4.2. Si no le dejas, El no te dejará (Camino 730) 4.3. Siente la responsabilidad de tu misión: ¡te está contemplando el Cielo entero! (Forja 50) 4.4. Fomenta y preserva ese ideal nobilísimo que acaba de nacer en ti. —Mira que se abren muchas flores en la primavera, y son pocas las que cuajan en fruto. (Camino 987)
4.5.
¡Dios te espera! —Por eso, ahí donde estás, tienes que comprometerte a imitarle,
a unirte a El, con alegría, con amor, con ilusión, aunque se presente la
circunstancia —o una situación permanente— de ir a contrapelo.
4.6.
Inconmovible: así has de ser. —Si hacen vacilar tu perseverancia las miserias
ajenas o las propias, formo un triste concepto de tu ideal. 4.7. Tu felicidad en la tierra se identifica con tu fidelidad a la fe, a la pureza y al camino que el Señor te ha marcado. (Surco 84) 4.8. Oyes dentro de ti: “¡cómo pesa ese yugo que tomaste libremente!... Es la voz del diablo; el fardo... de tu soberbia. Pide al Señor humildad, y entenderás tú también aquellas palabras de Jesús: iugum enim meum suave est, et onus meum leve (Mt XI,30), que a mí me gusta traducir libremente así: mi yugo es la libertad, mi yugo es el amor, mi yugo es la unidad, mi yugo es la vida, mi yugo es la eficacia. (Via Crucis, II Estación, n. 4)
4.9.
¡Oh, Señor!, ¿por qué me has buscado a mí —que soy la negación—, habiendo tantos
santos, sabios, ricos y llenos de prestigio? 4.10. Me gusta ese lema: "cada caminante siga su camino", el que Dios le ha marcado, con fidelidad, con amor, aunque cueste. (Surco 231)
4.11.
Después del entusiasmo inicial, han comenzado las vacilaciones, los titubeos,
los temores. Te preocupan los estudios, la familia, la cuestión económica y,
sobre todo, el pensamiento de que no puedes, de que quizá no sirves, de que te
falta experiencia de la vida.
4.12.
Como necesariamente, antes o después, has de tropezar con la evidencia de tu
propia miseria personal, quiero prevenirte contra algunas tentaciones, que te
insinuará entonces el diablo y que has de rechazar enseguida: el pensamiento de
que Dios se ha olvidado de ti, de que tu llamada al apostolado es vana, o de que
el peso del dolor y de los pecados del mundo son superiores a tus fuerzas de
apóstol...
4.13.
Discurres... bien, fríamente: cuántos motivos para abandonar la tarea! –Y
alguno, al parecer, capital. Veo, sin duda, que tienes razones. 4.14. “Se me ha pasado el entusiasmo”, me has escrito. –Tú no has de trabajar por entusiasmo, sino por Amor: con conciencia del deber, que es abnegación. (Camino 994)
4.15.
En tu vida hay dos piezas que no encajan: la cabeza y el sentimiento.
4.16.
Así discurría tu oración: ‘me pesan mis miserias, pero no me agobian porque soy
hijo de Dios. Expiar. Amar… Y ―añadías― deseo servirme de mi debilidad, como San
Pablo, persuadido de que el Señor no abandona a los que en Él confían.
4.17.
Te
apartaste del camino, y no volvías porque te daba vergüenza.
4.18.
Sabes que no te faltará la gracia de Dios, porque te ha escogido desde la
eternidad. Y, si te ha tratado así, te concederá todos los auxilios, para que le
seas fiel, como hijo suyo.
4.19.
No podía ser más sencilla la manera de llamar Jesús a los primeros doce: "ven y
sígueme".
4.20.
¿Que la carga es pesada? ¡No, y mil veces no! Esas obligaciones, que aceptaste
libremente, son alas que te levantan sobre el cieno vil de las pasiones.
4.21.
Dile despacio al Maestro: ¡Señor, sólo quiero servirte! ¡Sólo quiero cumplir mis
deberes, y amarte con alma enamorada! Hazme sentir tu paso firme a mi lado. Sé
Tú mi único apoyo. 4.22. En el reverso de una vocación "perdida" o de una respuesta negativa a esas llamadas constantes de la gracia, se debe ver la voluntad permisiva de Dios. Ciertamente: pero, si somos sinceros, bien nos consta que no constituye eximente ni atenuante, porque apreciamos, en el anverso, el personal incumplimiento de la Voluntad divina, que nos ha buscado para Sí, y no ha encontrado correspondencia. (Surco 961)
4.23.
Hay muchas personas a tu alrededor, y no tienes derecho a ser obstáculo para su
bien espiritual, para su felicidad eterna.
4.24.
Et
inclinato capite, tradidit spiritum
(Ioh XIX,30). 4.25. Hay que saber entregarse, arder delante de Dios como esa luz, que se pone sobre el candelero, para iluminar a los hombres que andan en tinieblas; como esas lamparillas que se queman junto al altar, y se consumen alumbrando hasta gastarse. (Forja 44)
4.26.
Orad los unos por los otros. —¿Que aquél flaquea?... —¿Que el otro?...
4.27.
Nicodemo y José de Arimatea —discípulos ocultos de Cristo— interceden por Él
desde los altos cargos que ocupan. En la hora de la soledad, del abandono total
y del desprecio..., entonces dan la cara audacter (Mc XV,43)...:
¡valentía heroica!
4.28.
Persevera, voluntariamente y con amor ―aunque estés seco―, en tu vida de piedad.
Y no te importe si te sorprendes contando los minutos o los días que faltan para
acabar esa norma de piedad o ese trabajo, con el turbio regocijo que pone, en
semejante operación, el chico mal estudiante, que sueña con que termine el
curso; o el quincenario, que espera volver a sus andadas, al abrirle las puertas
de la cárcel.
4.29.
Se entregó porque quiso; maltratado, no abrió boca, como cordero llevado al
matadero, como oveja muda ante los trasquiladores
(Is LIII,7).
4.30.
Si quieres ser fiel, sé muy mariano.
5.1. Eso —tu ideal, tu vocación— es... una locura. —Y los otros —tus amigos, tus hermanos— unos locos... 5.2. ¿No has oído este grito alguna vez muy dentro de ti? —Contesta, con decisión, que agradeces a Dios el honor de pertenecer al "manicomio". (Camino 910) 5.3. Señor, haznos locos, con esa locura pegadiza que atraiga a muchos a tu apostolado. (Camino 916) 5.4. Dulce Madre..., llévanos hasta la locura que haga, a otros, locos de nuestro Cristo. Dulce Señora María: que el Amor no sea, en nosotros, falso incendio de fuegos fatuos, producto a veces de cadáveres descompuestos...: que sea verdadero incendio voraz, que prenda y queme cuanto toque. (Forja 57)
5.5. Hijos
de Dios. —Portadores de la única llama capaz de iluminar los caminos terrenos de
las almas, del único fulgor, en el que nunca podrán darse oscuridades, penumbras
ni sombras. 5.6. Ve al apostolado a darlo todo, y no a buscar nada terreno. (Camino 919)
5.7.
Ten
presente, hijo mío, que no eres solamente un alma que se une a otras almas para
hacer una cosa buena. 5.8. Al quererte apóstol, te ha recordado el Señor, para que nunca lo olvides, que eres "hijo de Dios". (Camino 919) 5.9. Cada uno de vosotros ha de procurar ser un apóstol de apóstoles. (Camino 920) 5.10. El día que "sientas" bien tu apostolado, ese apostolado será para ti una coraza donde se embotarán todas las asechanzas de tus enemigos de la tierra y del infierno. (Camino 923)
5.11.
Me
escribes: "el deseo tan grande que todos tenemos de que 'esto' marche y se
dilate parece que se va a convertir en impaciencia. ¿Cuándo salta, cuándo
rompe..., cuándo veremos nuestro al mundo?" 5.12. La mano de Cristo nos ha cogido de un trigal: el sembrador aprieta en su mano llagada el puñado de trigo. La sangre de Cristo baña la simiente, la empapa. Luego, el Señor echa al aire ese trigo, para que muriendo, sea vida y, hundiéndose en la tierra, sea capaz de multiplicarse en espigas de oro. (Es Cristo que pasa, n. 3) 5.13. Cada uno de vosotros ha de ser no sólo apóstol, sino apóstol de apóstoles, que arrastre a otros, que mueva a los demás para que también ellos den a conocer a Jesucristo. (Es Cristo que pasa, n. 147)
5.14.
"Nonne
cor nostrum ardens erat in nobis, dum loqueretur in via?" —¿Acaso nuestro
corazón no ardía en nosotros cuando nos hablaba en el camino?
5.15.
Por mucho que ames,
nunca querrás bastante.
5.16.
Tú
eres sal, alma de apóstol. —"Bonum est sal" —la sal es buena, se lee en el Santo
Evangelio, "si autem sal evanuerit" —pero si la sal se desvirtúa..., nada vale,
ni para la tierra, ni para el estiércol; se arroja fuera como inútil. 5.17. Hijo mío: si amas tu apostolado, está seguro de que amas a Dios. (Camino 922)
5.18.
Agradece al Señor la continua delicadeza, paternal y maternal, con que te trata. 5.19. Sé claro. Si te dicen que vas "a pescarlos", responde que sí, que eso deseas... Pero..., ¡que no se preocupen! Porque, si no tienen vocación si El no les llama, no vendrán; y si la tienen, qué bochorno acabar como el joven rico del Evangelio: solos y tristes. (Surco 218)
5.20.
No te sorprendas y
no te amilanes porque te ha reprochado que le hayas puesto frente a frente con
Cristo, ni porque te haya añadido, indignado: "ya no puedo vivir tranquilo sin
tomar una decisión..." 5.21. Has de tener la mesura, la fortaleza, el sentido de responsabilidad que adquieren muchos a la vuelta de los años, con la vejez. Alcanzarás todo esto, siendo joven, si no me pierdes el sentido sobrenatural de hijo de Dios: porque El te dará, más que a los ancianos, esas condiciones convenientes para hacer tu labor de apóstol. (Forja 53)
5.22.
Padre mío —¡trátale así, con confianza!—, que estás en los Cielos, mírame con
compasivo Amor, y haz que te corresponda.
5.23.
Estamos, Señor, gustosamente en tu mano llagada. ¡Apriétanos fuerte!,
¡estrújanos!, ¡que perdamos toda la miseria terrena!, ¡que nos purifiquemos, que
nos encendamos, que nos sintamos empapados en tu Sangre!
5.24.
“Qui sunt isti, qui
ut nubes volant, et quasi columbæ ad fenestras suas?” —¿quiénes son ésos que
vuelan como nubes, como las palomas hacia sus nidos?, pregunta el Profeta. Y
comenta un autor: "las nubes traen su origen del mar y de los ríos, y después de
una circulación o carrera más o menos larga, vuelven otra vez a su fuente".
5.25.
Tienes razón.
—Desde la cumbre —me escribes— en todo lo que se divisa —y es un radio de muchos
kilómetros—, no se percibe ni una llanura: tras de cada montaña, otra. Si en
algún sitio parece suavizarse el paisaje, al levantarse la niebla, aparece una
sierra que estaba oculta. 5.26. Me parece tan bien tu devoción por los primeros cristianos, que haré lo posible por fomentarla, para que ejercites —como ellos—, cada día con más entusiasmo, ese Apostolado eficaz de discreción y de confidencia. (Camino 971)
5.27.
Muchos, con aire de autojustificación, se preguntan: yo, ¿por qué me voy a meter
en la vida de los demás? 5.28. ¡Oh Jesús..., fortalece nuestras almas, allana el camino y, sobre todo, embriáganos de Amor!: haznos así hogueras vivas, que enciendan la tierra con el divino fuego que Tú trajiste. (Forja 31) 5.29. Veías tu vocación como esas cápsulas que encierran la semilla. Ya llegará el momento de la expansión, y habrá arraigo múltiple y simultáneo. (Forja 972)
mayo 2007 |
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