Declaraciones de Javier Echevarría a la Prensa

Las diócesis y el Opus Dei

¿Cuáles son sus relaciones con los Obispos diocesanos, y con los sacerdotes y párrocos?

Dentro de una profunda y radical unidad, las relaciones son diversas, como corresponde a la variedad de situaciones humanas y eclesiales de los fieles de la Prelatura del Opus Dei. Se trata, siempre, de relaciones llenas de respeto, adhesión, sincero afecto y afán de colaborar, lógicamente, dentro de la misión confiada por la Santa Sede a la Prelatura. Permítame que insista: el Opus Dei, en palabras de nuestro Fundador, siempre tira del carro en la misma dirección que los Obispos diocesanos. Por eso mismo, la mayor parte de los frutos de vida cristiana de la labor apostólica del Opus Dei queda en las diócesis.

"ABC", Madrid, 5/11/1994

 

La influencia del Opus Dei

¿En qué medida el Opus Dei puede influir sobre los acontecimientos del mundo y, en particular, de la Iglesia? ¿De que modo influye la situación actual sobre la Prelatura?

El principal influjo que los fieles del Opus Dei ejercen es por medio de la oración: todos los laicos y sacerdotes de la Prelatura, casi 80.000, rezan diariamente por el Papa, por los obispos, por la unidad de los cristianos, por este mundo que aman apasionadamente. Estoy convencido que esta súplica individual, y al mismo tiempo compacta, que se eleva continuamente a Dios desde los cinco continentes, es un gran bien para la Iglesia y para la sociedad.

Por otra parte, el Opus Dei no tiene una estrategia global de acción en la sociedad. Sin embargo, el espíritu de santificación del trabajo ordinario que anima a los fieles del Opus Dei, constituye un estímulo en sus vidas que los empuja a hacer de su propio trabajo un servicio eficaz a los demás y un instrumento para promover la justicia y ejercer la caridad con sus semejantes. Al mismo tiempo, el trabajo es ocasión de apostolado personal con nuestros semejantes y, por consiguiente, de servicio a la Iglesia.

La situación actual del mundo influye en el Opus Dei del mismo modo que influye en la Iglesia entera, porque la Prelatura del Opus Dei es una porción de la Iglesia. La difusión actual de la secularización y del espíritu de autosuficiencia representan hoy una dificultad real —o al menos un desafío— para nuestros apostolados como para el de toda la Iglesia. Pero también existen elementos positivos y, de hecho, en el Opus Dei comprobamos diariamente que en todo el mundo se cuentan por miles los jóvenes —también mujeres y hombres de todas las edades— deseosos de responder con generosidad y entusiasmo al ideal de un cristianismo vivo y exigente que los fieles de la Prelatura procuran transmitir.

Agencia de noticias "KAS", Polonia, 17/05/1995

 

Conservador o progresista

¿El Opus Dei es una institución conservadora?

Si se usan los términos "conservador" o "progresista" en sentido político, no podría contestar a la pregunta, porque ese esquema no sirve cuando se habla de la Iglesia. Si se emplea la palabra "conservador" fuera de ese contexto político, se podría decir que toda la Iglesia es "conservadora", porque conserva y transmite el Evangelio de Cristo, los sacramentos, el tesoro de la vida de los santos, sus obras de caridad. Por razones análogas, toda la Iglesia es "progresista", porque mira al futuro, cree en los jóvenes, no busca privilegios, está cerca de los pobres y de los necesitados. O sea, el Opus Dei es conservador y progresista como lo es toda la Iglesia, ni más ni menos.

Presència, España, 23/07/2000

 

El feminismo

En alguna oportunidad Ud. ha hecho mención a un feminismo auténtico. ¿Qué quiere decir?

Juan Pablo II —en la Carta que dirigió a las mujeres en el mes de junio pasado— señalaba que el feminismo ha sido una realidad sustancialmente positiva. Es cierto que algunos excesos se han mostrado, a la postre, dañinos para la mujer. Pero podríamos decir que han sido los efectos secundarios. Lo importante es que se han conseguido muchas mejoras relativas a la condición de la mujer en el mundo.

Cuando he hablado de feminismo auténtico he querido referirme a todo aquello que supone servir a la causa de la mujer. Pienso que en el camino del feminismo se han atravesado otras reivindicaciones (la revolución sexual, el miedo demográfico) que han terminado por desviar el movimiento para la liberación de la mujer de sus verdaderos fines. Por eso, considero que el verdadero feminismo tiene todavía muchos objetivos que alcanzar. Son aún frecuentes las situaciones degradantes para la mujer, que han de ser modificadas: violencia —en el ámbito social y en el ámbito doméstico—, discriminación en el acceso a la educación y a la cultura, situaciones de dominación o falta de respeto, etc. El núcleo del verdadero feminismo es, como resulta obvio, la progresiva toma de conciencia de la dignidad de la mujer. Muy distinto es, en cambio, el núcleo de otros feminismos —de ordinario, agresivos—, que lo que pretenden es afirmar que el sexo es antropológicamente y socialmente irrelevante, limitándose su relevancia a lo puramente fisiológico.

La toma de conciencia de la dignidad de la mujer ha de difundirse entre las propias mujeres, erradicando toda forma de complejo de inferioridad. Y teniendo la valentía de llamar a las cosas por su nombre: rebelándose también, por ejemplo, ante los estragos que causa el vergonzoso negocio de la pornografía; ante la triste y equivocada afirmación del derecho a provocar el aborto; ante la desgracia social —no es otra cosa, además de la ofensa a Dios— del divorcio.

Pero esa toma de conciencia de la dignidad de la mujer ha de difundirse también entre los hombres, hasta eliminar todo engañoso pensamiento de superioridad y todo deseo de dominio. Es cierto que el feminismo está configurando un nuevo modelo de mujer, pero —en el fondo— está interpelando al hombre, que tiene que aprender a mirar y a tratar a la mujer de un modo nuevo.

Nuestro Señor, que es infinitamente Justo e infinitamente Sabio, creó al hombre y a la mujer con misiones distintas, teniendo la misma posibilidad de santificarse. Tratar de alterar ese orden es poco consecuente, y estamos viendo a qué resultados conduce: falta de comprensión y de convivencia, ausencia de entendimiento de la humanidad.

"EL MERCURIO", Santiago de Chile, 21/01/1996

 

La familia

¿Cree que mantener el espíritu cristiano en una familia es más difícil ahora que en otros tiempos?

Sin duda hay dificultades nuevas, pero esto no significa que antes no hubiera ninguna. En todo caso, a mí no me gusta hablar de dificultades, sino de desafíos. Y a los desafíos es preciso responder de modo constructivo.

Educar a los hijos no es sólo preservarlos de peligros y resistir a las influencias nocivas del ambiente: es, sobre todo, realizar una apasionante tarea positiva, que el Señor ha puesto en manos del padre y de la madre.

Es una tarea difícil, en efecto, pero la ayuda de Dios, que es el factor más importante, no falta nunca a quien la pide en la oración. ¡Cuántas veces ha sido precisamente el acicate de la responsabilidad por la educación de los hijos lo que ha llevado a los padres a acercarse a Dios!

"DIÁRIO DO MINHO", Braga, Portugal, 2/10/2000

 

"Sin estar en la Iglesia, el Opus Dei se desharía"

¿Cuál es la relación con los nuevos movimientos y asociaciones en la Iglesia, con la vida religiosa?

Cuando rezo el Credo, me gusta paladear cada una de las notas que definen a la Iglesia: Una, Santa, Católica y Apostólica. La Iglesia es intrínsecamente una, no un conglomerado de elementos dispersos. Es un organismo, un cuerpo, el Cuerpo Místico de Cristo, en el que los diferentes miembros, con su enriquecedora diversidad, se necesitan unos a otros.

Todo el valor del Opus Dei reside en que es parte de la Iglesia: sin ese estar en la Iglesia, el Opus Dei se desharía. Por eso, cualquier otra luz que se enciende para servir a Jesucristo, me resulta cercana, algo propio, expresión de la iniciativa del mismo Espíritu, del empeño por anunciar a Cristo.

En el plano práctico, el Opus Dei procura mantener una relación fraterna con todas las realidades de la Iglesia. Y cuenta con el apoyo de la oración y el cariño de muchas personas: por mencionar sólo un ejemplo, más de quinientas comunidades contemplativas son cooperadoras del Opus Dei.

ALFA Y OMEGA, Madrid, España, 21 de febrero de 2002

 

El Opus Dei y los obispos diocesanos

Su experiencia como obispo de una Prelatura personal es muy diferentes a la de los obispos que encabezan una diócesis. ¿Cuáles son sus particularidades?

En los cuatro sínodos de obispos en los que he participado como padre sinodal, he sentido la solidaridad de mis hermanos en el episcopado. Como miembros del colegio episcopal, compartimos, unidos al Papa, la responsabilidad sobre toda la Iglesia. Se aprende mucho de los demás. 

Desde luego, la extensión geográfica de la prelatura del Opus Dei, desde China a Estonia, del Líbano a la India, de México a Uganda, nos sirve para palpar diariamente las realidades más variadas. (...) 

También, estamos en contacto permanente con los problemas de los hombres, desde los más banales a los más graves: el hambre (hay fieles de la Obra que no pueden hacer más que una comida al día, como por ejemplo en los Andes peruanos o en alguna isla de Filipinas); la guerra o la inseguridad en Tierra Santa, Colombia, Congo o Sudáfrica y en tantos otros países; o los desafíos intelectuales más serios, como por ejemplo los que se refieren a la bioética. 

Pero los medios son siempre los mismos: la Cruz y el Evangelio. Y la misión que la Prelatura ha recibido de la Iglesia atañe a todos los hombres: recordar a cada uno que Dios le ama y espera ser correspondido en la vida ordinaria. En otras palabras, la llamada universal a la santidad allí donde nos encontremos. 

El Opus Dei participa pues en la misión de la Iglesia y comparte con ella y en ella "la alegría y la esperanza, la tristeza y el sufrimiento de los hombres" (Vaticano II, Constitución Gaudium et Spes, n° l). 

Uno de los retos a los que se enfrentan los fieles de la prelatura es el desconocimiento que se tiene de Jesucristo en grandes áreas del mundo y en amplias capas de la población, desde Suecia a Kazajstán, de Singapur a Finlandia. 

Asimismo, nos enfrentamos a la anorexia espiritual de la Vieja Europa; a su "cultura de la muerte"; y a la búsqueda de la igualdad educativa formulada "a la baja", que son causa de una emotividad exacerbada que revela una falta de referencias y ausencia de coraje, en especial a la hora de combatir los propios defectos, los propios pecados. 

Este panorama quedaría incompleto si no mencionáramos el actual deseo del Absoluto entre la juventud, el crecimiento de una conciencia ecológica bien enfocada, y una mayor apertura a la existencia de Dios. Esta palabra, pese a que aún quema en los labios de muchos políticos occidentales, sigue interpelando a mucha gente. Un gran número de jóvenes está descubriendo la novedad de Cristo. 

Querría añadir que, gracias a Dios, esta sed de renovación, este deseo de ampliar las fronteras, no pertenece sólo a los jóvenes. Hay, en todos los niveles de las sociedad, hombres y mujeres humanamente maduros, quizá adultos, que mantienen un corazón joven, dispuesto a recibir y a darse.

Sophie de Ravinel, Famille Chrétienne (France), 1 de enero de 2002

 

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