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LA
EUTANASIA EN EL CINE:
DESPERTARES, MILLION DOLLAR BABY Y MAR ADENTRO
Autores
José Morales Redondo
Raúl Vaquerizo Luna
Director
Juan José Muñoz García
Doctor en Filosofía
Profesor de Antropología y Ética de la Imagen
Centro Universitario Villanueva
(Adscrito a la Universidad Complutense de Madrid)
En esta ponencia vamos a tratar sobre la eutanasia en el cine y su manipulación por parte de los directores, para ello vamos a definir y explicar la situación actual sobre la eutanasia y vamos a analizar tres películas en las que se muestran las distintas posturas frente a la, mal denominada, muerte dulce.
Como eutanasia entendemos el concepto de “la buena muerte”. Una conducta que viola el primer principio de la medicina, reconocido desde siempre y en cualquier parte del mundo, que afirma que el primer deber del médico consiste en no hacer daño (primum non nocere) El problema no es morir dignamente: la raíz del problema está en vivir dignamente. Y ello se aplica al paciente, pero mucho más aún al médico, a familiares y amigos del enfermo, y a quienes son responsables de humanizar el entorno social y sanitario: políticos y gestores.
Como afirma Joan Vidal-Bota, Miembro del Comitè Consultiu de Bioètica de Catalunya y Presidente de la Associació Catalana d'Estudis Bioètics (ACEB), “El médico no puede dar muerte a su paciente. Ni es su función. Qué sería de la confianza en el médico, base de su relación con el enfermo, si el médico pudiera decidir dar muerte a su paciente cuando - según el criterio exclusivo del facultativo - considerase que su sufrimiento es excesivo, o que su vida no es ya de calidad suficiente o que es una carga para la sanidad pública.”[1]
Despertares: La defensa de la dignidad del enfermo.
La acción de este filme comienza cuando el doctor Sayer (Robin Williams) llega a un hospital de enfermos crónicos que sufren una enfermedad cerebral, una encefalitis que los ha dejado inmóviles y sin habla. Allí observa que el trato a los enfermos es de una postura de indiferencia y de marginación: los enfermos son tratados como plantas -“A estas personas sólo les damos abono y agua”- dice uno de los celadores de la clínica. Pero gracias a una casualidad, el doctor Sayer averigua que los pacientes no son estatuas sino que están vivos por dentro: recogen pelotas del suelo, reaccionan ante la música, ante el contacto humano y ante la pronunciación de su nombre; pero a pesar de esto, el resto del personal médico se muestra escéptico ante las intuiciones del doctor, sobre todo debido a su mentalidad cientifista.
El cientifismo reduce todo saber humano al que aportan las ciencias experimentales. Por eso los facultativos del lugar reducen a meros movimientos reflejos las reacciones de unos pacientes que llevan décadas sin moverse. Por ejemplo, cuando uno de los médicos ve en el gráfico del electroencefalograma una variación, su respuesta consiste en afirmar que esta variación se debió a la luz, pero el doctor Sayer le replica que esa variación se produjo cuando pronunció el nombre del paciente.
Con la autorización de los familiares, y ante los descubrimientos y avances realizados sobre los pacientes, Sayer les aplica un medicamento: la L-DOPA, la cual despierta a los enfermos durante un tiempo determinado. Esto demuestra que la enfermedad no les privó de la condición de personas. Tras el primer despertar se produce un segundo en el que los doctores se dan cuenta de la condición de personas de los pacientes frente a la idea de “estatuas” que tenían antes. El doctor Sayer en la conferencia final resume la lucha de los enfermos por sobrevivir: “El espíritu humano es más poderoso que cualquier droga, pero ha de alimentarse con familia, ocio, amistad, trabajo...es decir, las cosas más sencillas, las que teníamos olvidadas.”
Despertares realiza una crítica implícita a la sociedad actual que rinde culto al cuerpo. Dicha mentalidad tiende a pensar que un defecto en el cuerpo, o una enfermedad, hacen que la vida humana carezca de sentido. Pero las personas necesitan encontrar un sentido a su vida y, en ocasiones, eso se consigue a través del sacrificio. Víctor Frankl intenta reflejar que la finalidad del hombre no consiste en “encontrar el placer, o evitar el dolor, sino en encontrarle un sentido a la vida, razón por la cual el hombre está dispuesto incluso a sufrir a condición de que ese sufrimiento tenga un sentido”[2].
El doctor Sayer descubre asombrado, después de muchos años de trato con pacientes encefalíticos, que a pesar de su precaria calidad de vida o de su situación de sufrimiento siguen encontrando un sentido a sus vidas y así lo refleja en el libro que da título a la película: “Curiosamente, he visto muy poca amargura en todos estos años de relación con ellos; he visto, en realidad, aunque no le encuentre explicación, una firmeza inmensa. Hay un valor básico, que se acerca a lo heroico, en estos pacientes, pues han sido probados hasta lo increíble y sin embargo han sobrevivido. Y no han sobrevivido como tullidos, con una mentalidad de tullidos, sino como personajes engrandecidos por su firmeza en la aflicción, por aguantar sin queja, impávidos, risueños en último término; por no sucumbir a la desesperación o al nihilismo, y seguir afirmando la vida inexplicablemente.”[3].
Por desgracia, algunos países como Holanda tienen una idea totalmente contraria a la reflejada en Despertares. En este país, se incita a personas con enfermedades graves o terminales a renunciar a su vida y a morir antes que a luchar por dar un sentido a sus sufrimientos: como hace Leonard (Robert De Niro) en Despertares. Este personaje (inspirado en un caso real, como toda la película) es un ejemplo de espíritu de superación y de lucha para poder, o bien, ayudar a otras personas que padezcan la misma enfermedad, o intentar recuperarse y mejorar la calidad de su vida.
Por otra parte, con el ejemplo de Holanda se difunde la idea de que ante personas “inservibles” para la sociedad es mejor y más barato dejarlas aparte, o dejarlas morir sin un apoyo psicológico o moral que les permita superar la depresión provocada por una situación como la suya. Esto llevado al extremo provocaría la imposibilidad, o la desidia, al ahora de avanzar en la lucha eficaz contra las situaciones terminales, con lo que la enfermedad “ganaría” el pulso a las personas.
El poder educador y manipulador del cine
La eutanasia es un tema presente en el cine de los últimos años. Pero el cine, como afirmaba Julián Marías, es la gran potencia educadora de nuestro tiempo, debido al poder de la imagen, por lo que puede llegar a ofrecer al público personajes modélicos (como los protagonistas de Despertares) o manipular a la gente hasta el punto de mostrar como un héroe a un suicida.
Las imágenes enseñan sugestionan e hipnotizan. Enseñan porque son transmisoras de unas ideas y unos valores que la persona capta para su vida diaria, e incluso puede llegar a imitar o a estar muy influido por estas. Por estos motivos los productores/creadores de películas tienen que tener en cuenta, no solo las ventas de la película sino también los valores morales que transmite y como puede influir en el público (sobre todo en niños y jóvenes).
A través del cine, y de la persuasión realizada por los directores, se intenta reflejar la idea que los creadores de la película quieren transmitir a los espectadores, y que no siempre coincide con la verdad del tema tratado. Además, debido al poder globalizador del cine y la televisión, esto provoca que la gente tenga unos mismos héroes. Por otro lado en determinadas películas se explotan los sentimientos para hacer ver a la persona la verdad que ellos quieren transmitir. Todo esto lo realizan a través de los recursos visuales (imagen, sonido, música, etc.) llevados al límite para que sea aceptado socialmente un determinado comportamiento no moral[4]. También se utiliza la técnica de ocultar los datos que no interesan a los productores, como ocurre en el filme español Mar adentro en el que se ocultan las quejas de los propios tetrapléjicos ante el suicidio de Ramón Sanpedro y se ridiculiza a los que piensan de modo diverso al protagonista –es el caso de la escena que relata la visita de un sacerdote al protagonista, y que no refleja la realidad ocurrida y lleva a extremos irreales lo ocurrido en dicho encuentro-.
Mar adentro: Una apología de la eutanasia
Un ejemplo de ese poder manipulador del cine lo tenemos en la película española, galardonada con un oscar, Mar adentro. En este filme se narra la vida de Ramón Sampedro (muy bien interpretado por Javier Bardem), tetrapléjico gallego que se suicidó en 1998, el cual renunció al valor moral de su vida y a los sentimientos hacia él de las demás personas de su entorno, pues se consideraba un ser estéril y absurdo, no capacitado para la vida. Se trata de una visión nihilista, y por tanto totalmente falsa, porque se ve claramente en la película que Sampedro puede realizar acciones de la vida cotidiana, como son escribir poemas, diseñar artefactos e incluso devolver la ilusión a la mujer que se enamora de él, Rosa, interpretada por Lola Dueñas.
La decisión de Ramón San Pedro se debe a una incorrecta interpretación de la libertad que le llevó al suicidio olvidando la libertad creativa que conlleva la solidaridad, la justicia, el amor… Debido a su gran subjetivismo, que le llevaba solamente a pensar en él y no en los que le rodeaban y que habían estado tantos años ayudándole, se obstina en deja de luchar y afrontar con creatividad y esperanza su situación.
El protagonista de Mar adentro cree que su vida carece de sentido porque carece de autonomía. Pero considerar que “la felicidad es fruto de una libertad totalmente autónoma lleva a ver todo lo que nos rodea, y a uno mismo, como objeto manipulable. Pero a la persona que utiliza a sus familiares como meros medios para su interés particular es menos creativa que aquella que los trata como fines: Seres que merecen respeto agradecimiento y colaboración. El manipulador anula la condición de persona de los otros (les reduce a objetos de placer y de poder), por eso su postura no lleva a nada; en cambio el quehacer ético conduce a la plenitud humana.”[5]
La película tampoco refleja la verdadera situación de Ramón Sampedro, se centra sólo en la idea de la imposibilidad de realizar algunas acciones, cuando en realidad, si hubiera querido, podría haber llegado incluso a conducir un coche.
Mar adentro, en comparación con Despertares, ofrece un sentido totalmente opuesto a la vida. La película de Amenábar nos transmite la idea de una vida ya casi apagada sin posibilidad de salvación, al mismo tiempo que nos refleja una idea materialista del propio protagonista, que solo piensa en él y no en los demás. Por el contrario, en Despertares se nos muestra la opción de avance, de intentar superarse, no solo para su salvación y su paso a una vida con más placeres y posibilidades, sino también, un paso a ayudar a los demás (es el caso de Leonard). A pesar de la cura momentánea de los pacientes y su posterior dolorosa vuelta hacia la incapacidad, no renuncian a luchar por la vida sino que transmiten una idea de superación, frente a la idea de Ramón Sampedro, el cual no para de recordar su desgracia y todo lo que no ha podido hacer desde su accidente y eso le lleva a no pensar en los demás y sí en sí mismo, lo cual nos transmite una visión nihilista de la vida y de la muerte, y de no luchar frente a una enfermedad que le podría haber permitido incluso conducir, frente a la situación de total inmovilidad y sufrimiento de los pacientes que nos muestra Despertares.
Million Dollar Baby: Las consecuencias de nuestras decisiones
Es la historia de un entrenador de boxeo, Frankie Dunn (Clint Eastwood), un que ha perdido el amor de su hija. La llegada a su gimnasio de Maggie Fitzgerald (Hilary Swank), una joven decidida a triunfar en el ring, le ofrece la oportunidad de volcar su amor paterno. El conflicto aparece cuando Maggie sufre un grave accidente que la deja postrada en cama, inmóvil y sin curación.[6]
Vamos a comparar esta película con Mar adentro y comprobar que Million dollar Baby no es manipuladora como la película de Amenábar. Frankie toma una decisión inmoral, que es matar a la chica dándose cuenta que eso le va a pesar durante toda su vida, pero la película no justifica esa decisión como sí ocurre en el caso de Mar adentro, en la que mediante la música, a Ramón Sampedro se le presenta como un héroe frente a Frankie que se le presenta como un antihéroe, pues el final de la película mata a Maggie en la oscuridad, desapareciendo de escena para simbolizar que el personaje se ha hundido como persona.
Esa escena final de la película refleja cinematográficamente las últimas palabras de la novela en que se basa: “Con sus zapatos en la mano, pero sin su alma, Frankie bajó en silencio la escalera de atrás y se marchó, con los ojos tan secos como una hoja agostada.”
El filme de Eastwood se sitúa entre Despertares y Mar adentro, porque aunque no hace una defensa de la dignidad humana tampoco hace apología de la eutanasia.
Otro punto de comparación puede ser el personaje del sacerdote, que aparece en las dos películas, pero mientras que en Mar adentro se le trata de una forma ridícula y humillante, en Million dollar Baby es tratado como una persona fiable a la que se le pide consejo.
Conclusiones
Nuestras conclusiones respecto a la eutanasia y como es reflejada en el cine son las siguientes:
1.- En algunos casos, el cine aprovecha su capacidad de persuasión hacia el público para hacernos ver que la eutanasia es algo moralmente aceptable, común y generalizado. Esta actitud no nos parece justa, pues no respeta la libertad necesaria de la persona, ni las condiciones morales para realizar acciones de una forma ética e inteligente, sobre todo en un caso como el de la eutanasia, en que dichas acciones afectan al valor de la vida de una forma tan radical.
2.- La solución para esta situación consistiría en realizar un cine que no oculte verdades esenciales sobre el hombre, y como el cine tiene una gran influencia proponemos o exigimos a los realizadores, distribuidores, y a las cadenas de televisión, que respeten los códigos éticos aplicados al mundo de la imagen para no manipular al público, y de modo especial a la juventud. El cine debe contar historias humanas con todas sus consecuencias, y no una visión parcial que puede dar lugar a la duda y a deformar la conciencia del espectador.
3.- Por nuestra parte proponemos el cumplimiento de los códigos deontológicos -como los que se dan en otras profesiones: medicina, publicidad etc.-; y aunque en el cine ya hay un código deontológico que clasifica las películas por edades proponemos que se aplique este código con rigor y objetividad. Para ello, se debería crear un organismo al que se puedan presentar reclamaciones o denuncias cuando dicho código no sea cumplido, o si una película se exhibe a un público inadecuado para ella. Para regular esto proponemos la creación de un organismo compuesto por profesionales tanto del cine como de la ética.
4.- Otra propuesta que hacemos se refiere a la implantación en las personas, mediante el cine, la publicidad y otros medios, de unas ideas éticas basadas en el valor de la vida humana y en su dignidad irrenunciable. Unos valores que el espectador sea capaz de adquirir e incorporar a su vida diaria, con lo que conseguiríamos que las personas, con una mayor capacidad de entendimiento, sean ellas mismas capaces de conocer si una película respeta los conceptos morales básicos, o si por el contrario esto no es así, saber realizar las criticas oportunas a dicha película para que no sea difundida sin unos criterios éticos concretos, definidos y bien establecidos.
5.- Junto a todo esto, también proponemos usar la potencia educadora del séptimo arte para ofrecer una enseñanza basada en la ética y en el conocimiento de la verdad sobre el ser humano. De este modo se conseguirá en un futuro hacer películas no manipuladoras, y formar jóvenes con un mayor conocimiento y carácter ético.
Bibliografía
Libros
FRANKL, V., El hombre en busca de sentido. Herder, Barcelona, 1991.
MONGE, F., ¿Eutanasia? Ediciones Palabra, Madrid, 1989
MUÑOZ, J.J., Cine y misterio humano, Ediciones Rialp, Madrid, 2003
MUÑOZ, J.J., De Casablanca a Solas, la creatividad ética en cine y televisión, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid, 2005
SACKS, O., Despertares. Muchnik, Barcelona 1988
Páginas Web
www.decine21.com
www.aceb.org/vien.htm
www.forumlibertas.com
[1] www.aceb.org/vien.htm (consultado el 27/02/2007)
[2] FRANKL, V., El hombre en busca de sentido. Herder, Barcelona, 1991. Pág 111
[3] SACKS, O., Despertares. Muchnik, Barcelona 1988. Pág 270-271
[4] cfr. MUÑOZ, J.J, De Casablanca a Solas. La creatividad ética en cine y televisión. Ediciones internacionales universitarias, Madrid 2005, pp. 91-93
[5] Ibíd., Pág 53
[6]www.decine21.com (consultado el 3/03/2007)
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